domingo, 22 de febrero de 2009

Proxima Exposición


El otro lenguaje de las piedras de Ligia

Hace algunos meses tuve el placer de escribir unas líneas de presentación para el catálogo de la muestra que en la Galería de Arte Moderno Gilberto Bejarano de Puerto la Cruz, realizaran tres jóvenes escultoras radicadas entre nosotros.

En la obra de una de ellas, Ligia Acuña, quien ahora nos presenta en solitario sus últimos trabajos, pude percibir lo que me pareció entonces –y aún lo creo- un propósito esencial de la artista: revelar -y respetar- los lenguajes y tonalidades de la materia bruta, desvestida y trabajada en lo indispensable para que pueda manifestar su intrínseca belleza.

En aquella ocasión había observado y escrito que los dictados de las piedras trabajadas por Ligia imponían, como en una suerte de afirmación de soberanía estética del mineral, sus propias tersuras o asperezas, sus oquedades y su dinámica, aunque la voluntad de la artista, con parcas o audaces intervenciones, de algún modo también las transgredían, bien dotándolas de levedad, bien acentuando su natural disposición en el espacio y su plasticidad intrínseca, como olas en un océano imaginario.

Ahora me place constatar cómo en sus manos la piedra serpentina, o la de Cumarebo, rebelándose contra el omnipotente gris en que derivaron muchos de sus elementos primigenios, asumen en sus vetas de discretas tonalidades el sugerente velo de su lenguaje interior.

De este modo el diálogo entre obra y espectador, iniciado tal vez como un encuentro espacial entre lo estático y lo móvil, se transforma -por gracia del pausado, respetuoso y en veces casi inadvertido cincelar, bruñir y corregir de la artista sobre la materia- en permanente lección de encontradas sugestiones, reafirmando que todo cuanto existe en el universo, más allá del misterioso prodigio de su origen, posee en sí mismo la magia que sólo quienes se lo proponen pueden ver.


Gustavo Pereira

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