Enclavado en el centro de la capital del estado Anzoátegui, entre las calle Juncal y San Felix, el Ateneo de Barcelona con su imponente estructura es un lugar digno de ser conocido por quienes visitan este estado Oriental.
Al entrar al Ateneo de Barcelona se respira ese aire que poseen las casas coloniales, con un patio interno y pasillos laterales que llevan a una escalera que nos traslada al segundo piso.
Las resaltantes tejas del techo y la sensación de tranquilidad de toda edificación donde se cultiva el arte, son una mezcla que nos permite apreciar en cada obra expuesta la imaginación del artista que la realizó. Pero por si misma la casa de altas paredes blancas y amplios ventanales donde funciona el Ateneo de Barcelona, nos hacen entender que el arte no está solo en los lienzos o en las formas, sino que llega hasta aquellos que con calidad de visionarios se preocuparon por dar a la gente un espacio para el disfrute de cada uno de los sentidos.
Por y para la cultura
La creación del Ateneo de Barcelona fue decretada el 30 de diciembre de 1970, siendo gobernador Guillermo Alvarez Bajares.
La casa donde funciona el Ateneo, fue construida reproduciendo las características de un antiguo inmueble de estilo colonial donado al estado por el periodista Vicente Emilio Otero Silva el 22 de abril de 1951.
Tal como lo expresa el documento original de donación, la intención de Otero Silva al entregar al estado la casa era la de contribuir a que los venezolanos y especialmente, los nacidos en el estado Anzoátegui disfruten y se beneficie con la instalación y progresivo desarrollo de una Casa de Cultura, en la cual tengan, la oportunidad de enriquecer sus conocimientos y así dotarse, como ciudadano, de la más adecuada preparación para la defensa de la nacionalidad contra la mediatización extranjera...”.
Pero la colaboración de los Otero Silva fue más allá, Miguel, hermano de Vicente, donó en 1965, una preciosa colección integrada por 44 piezas, todas de laureados pintores venezolanos.
Esta importante donación, sirvió de base para la exposición permanente que exhibe hoy el Ateneo de Barcelona en el salón que en reconocimiento al otorgante se llama “Salón Miguel Otero Silva”.
Elgica Semprun
martes, 3 de marzo de 2009
domingo, 22 de febrero de 2009
Proxima Exposición

El otro lenguaje de las piedras de Ligia
Hace algunos meses tuve el placer de escribir unas líneas de presentación para el catálogo de la muestra que en la Galería de Arte Moderno Gilberto Bejarano de Puerto la Cruz, realizaran tres jóvenes escultoras radicadas entre nosotros.
En la obra de una de ellas, Ligia Acuña, quien ahora nos presenta en solitario sus últimos trabajos, pude percibir lo que me pareció entonces –y aún lo creo- un propósito esencial de la artista: revelar -y respetar- los lenguajes y tonalidades de la materia bruta, desvestida y trabajada en lo indispensable para que pueda manifestar su intrínseca belleza.
En aquella ocasión había observado y escrito que los dictados de las piedras trabajadas por Ligia imponían, como en una suerte de afirmación de soberanía estética del mineral, sus propias tersuras o asperezas, sus oquedades y su dinámica, aunque la voluntad de la artista, con parcas o audaces intervenciones, de algún modo también las transgredían, bien dotándolas de levedad, bien acentuando su natural disposición en el espacio y su plasticidad intrínseca, como olas en un océano imaginario.
Ahora me place constatar cómo en sus manos la piedra serpentina, o la de Cumarebo, rebelándose contra el omnipotente gris en que derivaron muchos de sus elementos primigenios, asumen en sus vetas de discretas tonalidades el sugerente velo de su lenguaje interior.
De este modo el diálogo entre obra y espectador, iniciado tal vez como un encuentro espacial entre lo estático y lo móvil, se transforma -por gracia del pausado, respetuoso y en veces casi inadvertido cincelar, bruñir y corregir de la artista sobre la materia- en permanente lección de encontradas sugestiones, reafirmando que todo cuanto existe en el universo, más allá del misterioso prodigio de su origen, posee en sí mismo la magia que sólo quienes se lo proponen pueden ver.
Gustavo Pereira
Hace algunos meses tuve el placer de escribir unas líneas de presentación para el catálogo de la muestra que en la Galería de Arte Moderno Gilberto Bejarano de Puerto la Cruz, realizaran tres jóvenes escultoras radicadas entre nosotros.
En la obra de una de ellas, Ligia Acuña, quien ahora nos presenta en solitario sus últimos trabajos, pude percibir lo que me pareció entonces –y aún lo creo- un propósito esencial de la artista: revelar -y respetar- los lenguajes y tonalidades de la materia bruta, desvestida y trabajada en lo indispensable para que pueda manifestar su intrínseca belleza.
En aquella ocasión había observado y escrito que los dictados de las piedras trabajadas por Ligia imponían, como en una suerte de afirmación de soberanía estética del mineral, sus propias tersuras o asperezas, sus oquedades y su dinámica, aunque la voluntad de la artista, con parcas o audaces intervenciones, de algún modo también las transgredían, bien dotándolas de levedad, bien acentuando su natural disposición en el espacio y su plasticidad intrínseca, como olas en un océano imaginario.
Ahora me place constatar cómo en sus manos la piedra serpentina, o la de Cumarebo, rebelándose contra el omnipotente gris en que derivaron muchos de sus elementos primigenios, asumen en sus vetas de discretas tonalidades el sugerente velo de su lenguaje interior.
De este modo el diálogo entre obra y espectador, iniciado tal vez como un encuentro espacial entre lo estático y lo móvil, se transforma -por gracia del pausado, respetuoso y en veces casi inadvertido cincelar, bruñir y corregir de la artista sobre la materia- en permanente lección de encontradas sugestiones, reafirmando que todo cuanto existe en el universo, más allá del misterioso prodigio de su origen, posee en sí mismo la magia que sólo quienes se lo proponen pueden ver.
Gustavo Pereira
QUIENES SOMOS

El Ateneo Miguel Otero Silva fue fundado en el año de 1971 teniendo por misión prestar servicio cultural a la comunidad en general.
Es una asociación civil de carácter privado sin fines de lucro, que para su funcionamiento se mantiene de aportes y subsidios de organismos públicos y privados.
Funciona en una edificación basada en la arquitectura colonial donada por el escritor Miguel Otero Silva.
Hoy a sus 38 años mantenemos en nuestros espacios, el compromiso de ser un centro difusor, abierto, de encuentros de opinión, tradiciones, cultura popular, de las letras, las artes y la ciencia, a través de las actividades que acogemos y desarrollamos.
Es de especial mención, el que somos custodios de la colección de arte venezolano del siglo XX, también donación de Miguel Otero Silva
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)